El entrenador de la selección nacional Sergio Batista aspira a montar un equipo que intente imitar el funcionamiento del Barcelona. No es tarea sencilla, mas teniendo en cuenta que el único que intenta jugar como el Barça y durante gran parte del tiempo lo logra es el mismo Barcelona. Pero la intención de Batista no es imitar al equipo culé, sino que su intención es darle a Messi un equipo acorde a su manera de sentir el futbol para finalmente poder aprovechar el talento de Lionel. De lograrlo, de imponer esa fórmula, podríamos recuperar el protagonismo a nivel selección y finalmente romper con una injusta polémica: la implicancia de Messi con su país y elevarlo a la categoría de mito.
A dos días de un nuevo amistoso de nuestra selección, en este caso en Ginebra y ante el combinado de Portugal, Lionel Messi continúa dando que hablar en su andadura por el Barcelona, aumentando aún más su condición de gran jugador y al mismo tiempo, como si fuera de la mano, de gran equipo. El Barça mantiene una pulseada hace mas de dos años contra la historia misma. Si bien otros equipos han registrado mejores records como por ejemplo el del pentacampeón de liga durante la conducción de Cruyff, este plantel se está encargando de pulverizar records de partidos ganados, de goles marcados, de goles recibidos, de pichichi de liga, de bota de Europa, de balón de oro y de una superioridad casi absoluta, ya que en Europa el año pasado el Inter de Milán interrumpió su reinado.
El pasado sábado el Barcelona superó un record vigente desde el Real Madrid de Alfredo Di Stéfano. El record de victorias seguidas en liga pasa ahora al Barcelona de Messi, es decir este equipo es hoy, pero ya es mañana y tal vez siempre.
Messi es parte importante de estos logros. Como lo es Xavi en el inicio de todas las jugadas, ó Víctor Valdés con la portería a cero en la mayoría de los encuentros o el entrenador Pep Guardiola con el aprovechamiento de cada uno de sus jugadores y de formar un verdadero mosaico como grupo humano. Pero Messi es a ojo de todos los integrantes de esta enorme plantilla el jugador distinto, el que marca más diferencias dentro de un aceitado estilo grupal. Y año tras año presenciamos la evolución de este jugador de apenas 23 años. Una evolución que empaña la competencia, porque de momento con el nivel del equipo y del jugador, de lo que menos podremos hablar es de competir.
En la liga española es abrumadora la supremacía. Apenas comenzada la segunda vuelta y con 22 partidos disputados, le saca al 5º clasificado 23 puntos, es decir que por jornada se distancia un punto del Athletic de Bilbao, en este caso. Con el 4º le separa 17 unidades y tengamos en cuenta que el 4º clasificado, a pesar de tener que jugar un repechaje, se clasifica para la misma Champions que se estaría clasificando el Barça. La duda de si la Liga es o no competitiva, al trasladarla al mismo plano que la escocesa, tiene motivos para consultarlo por la diferencia abismal entre el Barça y el Madrid con el resto, a pesar de la brillante campaña del Villareal.
Es verdad la diferencia de presupuesto y de plantel de los dos grandes de la liga española con respecto al resto pero no es justa la comparación con la liga escocesa, ya que en esta Liga están varios de los mejores jugadores y no es esa la situación en Escocia. Pero todos nos sentamos a ver con mezcla de regocijo o resignación cuántos goles encajan los rivales de los dos poderosos españoles.
Y cuántos goles marca Messi. El jugador argentino ha logrado hacernos creer que es normal que un jugador de una liga tan profesional marque de a dos o de a tres tantos por jornada. En este caso vemos que Cristiano Ronaldo le aguanta el pulso, pero pocas veces pudimos observar en un futbol profesional tanta diferencia entre jugadores. Y entre medio, la histeria enfermiza de la prensa, que ante dos o tres jornadas sin marcar, se aventura a clasificar la circunstancia con la palabra crisis.
Messi es el máximo goleador culé en Europa. En Liga, es el tercer goleador de la historia, detrás de verdaderos delanteros como Kubala y César Rodríguez. Y está también tercero entre los goleadores históricos del club catalán, detrás de los mismos jugadores y de alguno como Samitier que marco diferencias en la época previa al profesionalismo de la liga o en competencias catalanas. Los números de Messi parecen de comienzos del siglo pasado donde un jugador podía marca seis o siete goles en un mismo partido.
Si bien antes no se jugaban tantos partidos como ahora, el promedio goleador de Messi asusta. Maradona en dos años situó su permanencia en el Barça. 46 goles fue su impronta sumando todas las competencias. Romario dejó su nombre entre los artilleros culés con 53 tantos, lo mismo que Ronaldo en un solo año y con 48 conquistas. Pero los registros que hoy cuenta Messi superan los de esos nombres y la perspectiva que pulverice todos los records goleadores aún antes de cumplir 27 años no suena descabellado.
Un argentino residente en Navarra me comento que Maradona seguía siendo el mejor porque él no jugaba con tantos buenos jugadores a su alrededor. Podría ser un razonamiento a tener en cuenta, pero Messi no tiene la culpa que Maradona no haya podido quedarse en el Barcelona. El Maradona de Argentinos Juniors o del seleccionado juvenil trasmitía la misma sensación que Messi. Pero a partir de su traspaso a Boca Juniors perdió algo de esa frescura, no por eso dejo de crecer como jugador y marcar diferencias. Maradona marcó una época, de eso no creo que haya discusión. Otros aseguran lo mismo al mencionar a Di Stefano, a Cruyff, a Pelé y algunos se animan a incluirlo a Zidane. La cuestión no es comparar décadas distintas, distintas maneras de jugar, distintas velocidades, distintas tácticas o lo que queramos comparar. Que Messi tenga una superioridad insultante no menoscaba la trayectoria de Maradona. Me agrada saber que tres de los mejores cinco ó seis jugadores de la historia son argentinos. Ninguno de los tres mantenía características similares. Solo el animal competitivo que habitaba en cada uno de ellos hizo posible dejar una marca en la historia futbolera. De ahí a comparar, todo parece que es ir a pérdida. Lo bueno de Messi no tiene que porque afectar a Maradona, y eso nos faltaría comprender.
Xavi e Iniesta lo hacen mejor a Messi. Pero Messi lo hace mejor a ambos, lo que les permite estar a todos agradecidos. Messi puede hacer mejor jugador a Pastore, Milito o cualquier nombre que sugieran. La idea sería que suceda lo mismo en nuestro combinado nacional. El año pasado se perdió una buena oportunidad, era año de mundial, donde los grandes jugadores se suelen matricular. Sin entrar en polémicas que ya no sirven de nada, no hubo una táctica que beneficiara a Messi; pero en realidad no hubo táctica que beneficiara a ninguno de los veintitrés integrantes del plantel. Batista intentará superar el último fracaso, aunque algunos insistan que lo de Alemania fue una circunstancia fortuita y accidental, y procurará que todo se centre en un jugador para que los demás crezcan a su lado y armen un equipo. Nada del otro mundo, con otro estilo, en México 1986 logramos lo mismo. Batista supo de primera mano lo que fue aprovechar a un as rodeándolo y mejorando sus propios rendimientos. Solo se trata de alcanzar una meta parecida.
Mientras tanto, cada vez que Messi toma velocidad a partir de los tres cuartos de campo rival, da la sensación que nadie lo detendrá. Cada vez que pise el área de enfrente sabremos que no hay otra opción en ese momento que la definición de la pulga. Y que los números asombrosos del año pasado pueden ser este año destrozados con otros registros. Y además de los goles, este año se ha convertido en el líder de asistencias con una diferencia abismal con el segundo. Y de eso se tratan los records del rosarino, un crecimiento sin techo hasta el momento que de no mediar lesiones o cruces complicados en Champions desemboque en un tercer balón de oro y una segunda bota del mismo metal. Y todos agradecidos.
Nota y cuadros: Javier Marina

